domingo, 13 de mayo de 2012

Los talentos desde una Pedagogía en la inclusión y el disfrute

  El espacio y el tiempo constituyen la urdimbre en
en la que está trabada la realidad. No podemos concebir
ninguna cosa real más que bajo las condiciones espacio temporales                                                                                                                                                            Ernst cassier

Cuando hablamos de educación, necesariamente nos remitimos a los griegos, a su concepción del mundo, a la manera de explicar la naturaleza de las cosas. Los griegos tenían un sentido filosófico de lo universal. La relación con sus dioses, las formas que inquietaban a los escultores, la pintura, la filosofía, en todas ellas, siempre aparecía la pregunta por el hombre. Ya Heráclito decía: el logos es tan común a la esencia del espíritu como la ley lo es a la ciudad. La Ilíada y la Odisea reflejan el universo educativo y social de la Grecia arcaica. Por eso la historia de la educación del hombre, los ideales que la sustentan, no fueron ajenos a la literatura que refleja las estructuras de poder de cada época. Y muy bien nos lo deja ver Werner Jaeger en su libro Paideia: los ideales de la cultura griega cuando empieza su texto diciendo:
     “Todo pueblo que alcanza un cierto grado de desarrollo se halla naturalmente inclinado a practicar la educación….La educación es el principio mediante el cual la comunidad humana conserva y transmite su peculiaridad física y espiritual. Con el cambio de las cosas cambian los individuos”(1)
Vemos entonces que el elemento espacio temporal, una época determinada, delimita las concepciones del mundo, la realidad inherente a ese momento. Homero en la Ilíada y la Odisea, deja ver cómo el pueblo griego valoraba al hombre por sus aptitudes, habilidades y fuerza; a esas excelencias humanas las llamaban areté. Y a pesar de haber predominio guerrero en sus acciones, en la areté estaba el sentido ético, que regía tanto la guerra como la vida privada, existiendo determinadas normas de conducta ajenas al común de los hombres.
Habilidades y méritos eran inseparables y la conciencia de su valor se daba por el reconocimiento de la sociedad a la que pertenecían, por la opinión que los semejantes tenían de ellos. En cambio el hombre posterior a Homero pudo prescindir del reconocimiento exterior. La filosofía después de Homero, sitúa la areté en la intimidad del hombre, enseña a considerar el honor como reflejo del valor interno. Para Aristóteles la más alta entrega a un ideal es la prueba de un amor propio enaltecido y agrega que quien se siente impregnado de la propia estimación “preferiría vivir un año por un fin noble, que una larga vida por nada”(2)
Podríamos preguntarnos qué nutre la fuerza educadora de una época, ¿a qué aspira? Quiénes son los maestros que los educan, cuáles sus virtudes. En la Ilíada, Fenix, el educador de Aquiles, le recuerda para qué ha sido educado: “Para ambas cosas, para pronunciar palabras y para realizar acciones” (3).
 Glauco también nos permite observar lo que pesa el decir del Otro en quien se cree. Cuando se enfrenta a Diomedes, nombra a sus antepasados y le dice: “Hipóloco me engendró y cuando me envió a Troya me insistió que luchara siempre para alcanzar el precio más alto de la virtud humana y que fuera siempre entre todos el primero”(4).
Algo parecido sucede con las sociedades modernas, pero respecto a la era digital, era de la ciencia y la tecnología que hace indispensable repensar la educación, su función. La educación no debe responder a una psicología de masas, a la masificación de los ideales, esto no significa que andemos como rueda suelta. La educación hace parte de un engranaje donde todas las partes encajan como un rompecabezas. El mundo va a mil, los  ideales son momentáneos, los jóvenes vuelan en el ciberespacio. Lo único que permanece y los divierte es la tecnología. ¿Cómo aplicarla a la educación? Corresponde a los educadores alfabetizarse en ella para instaurar el diálogo con los jóvenes, para avanzar desde la habilidad en la tecnología al conocimiento, a la investigación, al arte, al juego, a la escritura, a la música, a la danza como posibilidades creativas.
En nuestra época el ideal se sostiene en competencias laborales, éxito, el poder por el poder, la acumulación de riquezas o de conocimiento. La dignidad del ser humano se mide por su capacidad de consumo. La sociedad moderna se afinca en el tener, no en la construcción de un lugar en el mundo ni en el cuidado de sí, propio de los griegos. Ahora existe un cuidado personal excesivo. Tampoco la hospitalidad y el arte, aunque este último fue desvalorizado por los filósofos y en la actualidad no se le otorga el lugar que requiere en la educación.
Y es que en la historia de los poderes se ha desvirtuado el poder de la areté de la ambiente. De esta manera podemos entender por qué la educación, los medios de comunicación y las políticas públicas giran en torno a la economía. La modernidad ha pasado del ser al tener como un poder que se autoriza a sí mismo para pasar por encima de los intereses de la humanidad. Su propósito, la acumulación de riqueza; no importa que los aerosoles, los pesticidas, los gases tóxicos contaminen el medio ambiente El centro del universo no es el hombre, el centro del universo actual, su ideal, es el consumo desenfrenado y carente de una ética que se preocupe por los efectos nocivos de los desechos sólidos, de los efectos del plomo, del mercurio sobre la salud, constituyéndose estos hecho en un atentado contra los derechos humanos y una violencia visual, psicológica y planetaria.
El Otro de la economía, de la política, de la educación, determina el tipo de elección establecida en determinada época. ¿Cuál será el contexto social necesario para reencontrarnos con el humanismo, cercano a los griegos.
Preguntarnos como lo hace Werner Jaeger sobre el pueblo griego: por qué caminos los habrá conducido la sabiduría de sus mayores y sus maestros desde los días de su infancia hasta el término de la madurez heroica. Yo opto por preguntar: ¿qué le ofrecen los educadores y padres a los jóvenes hoy?, ¿los ideales que detestaron y creyeron inútiles? ¿La escuela sí está construida para la autonomía, la socialización, las ganas de vivir y el disfrute? ¿La escuela consulta las disposiciones naturales de la primera infancia? qué virtudes inculca?,  ¿virtudes desprovistas del uso propiamente moral?, ¿virtudes que valoran la singularidad? ¿Qué función cumple la escuela actualmente?
¿La escuela crea espacios y habilidades para que el sujeto se lidere a sí mismo como ser político y ético. ¿O la educación y la economía de mercado se preocupan mayormente por lo cuantificable, por la razón como fin y trabajan mínimamente el espíritu creativo, la expresión artística que humaniza los actos? Para Cicerón el ideal griego de la educación, su esfuerzo, era abrazar lo humano en su totalidad.
William Ospina, en Es tarde para el hombre, hace alusión a los valores que fueron exaltados por la humanidad durante siglos. Ideales como el vigor, la belleza, la salud, la juventud, hoy sirven de señuelo para el consumo. Alcanzar la felicidad, el éxito, ese es el discurso de la publicidad. Hay una pluralidad de ideales en los que se quiere taponar la falta inherente a lo humano. Hay un culto a lo intrascendente. Las normas de conductas que rigen tanto para los individuos como para las ciudades están determinadas por los hilos del poder económico. Antes la ciudad tenía sentido, la polis tenía sentido. El guerrero, el filósofo, el matemático, el escultor, los dioses, tenían su valor en sí mismos. Ahora son las multinacionales las que validan la existencia de los guerreros, de los matemáticos, de los escultores; bajo su amparo el conocimiento, la industria la ciencia.
Son también las multinacionales las que imponen tiranías y desestabilizan gobiernos. Para ellas lo válido es el conocimiento que les genera ganancias exorbitantes. El mundo de la educación siempre ha desconocido la singularidad, aunque haya existido humanismo, pero hoy se mueve en el campo de las ideas deshumanizadas, contadas excepciones. Por eso en la educación, la inteligencia lógico-matemático-lingüístico tiraniza el derecho a la diferencia. Y es que existen otras inteligencias que están en relación con el cuerpo y con los afectos. Pensamiento, cuerpo, emociones, atraviesan lo humano, tanto en lo consciente como en lo inconsciente, y convergen en la socialización, en la creatividad, en las ideas, en los afectos por supuesto, como maneras de sublimar la pulsión.
Para Winicott el niño tiene el trabajo de habitar su cuerpo e integrarlo a la vida psíquica. Pero también tiene que invencionar un espacio para existir, un espacio que no sea el de someterse a las condiciones de lo que funciona como realidad exterior, ni tampoco replegarse en un espacio íntimo, personal, de retirada. En este interjuego con el Otro de la cultura construye su existencia, sus talentos y su manera de estar en el mundo.    
El modelo desarrollista ha desvirtuado la función de la educación, esta ha dejado de ser un fin para convertirse en un medio que prepara en las competencias que requiere el sector productivo, desestimando el potencial grande del área corporal y afectiva. La educación pasó de la formación a la capacitación, siendo vulnerados los derechos fundamentales a una educación integral. Es urgente un retorno al humanismo que fomente el cultivo de los individuos como seres políticos y  singulares. 
Una educación para la democracia solo es posible cuando haya diálogo entre sector productivo y educación, en que competencias y creación sobrepasen una visión reduccionista de lo humano, y eso requiere de una visión del ser en la que se integre las inteligencias y las maneras particulares de los aprendizajes.
La educación apenas empieza a incluir lo inconsciente, la historia individual, las maneras tan personales de ubicarse en el mundo. Somos como un iceberg, y la escuela solo apunta al sujeto de la conciencia. Pero bajo esta capacidad de acción del sujeto de la conciencia, subyace el sujeto del inconsciente, subyace lo pulsional que determina las actuaciones del ser humano. Esto me lleva a preguntarme por las particularidades, por los talentos.
Grecia era un pueblo talentoso que conjugaba pasiones, perseverancia. Un pueblo que tenía convicciones y amaba la belleza en su amplio sentido: un pueblo ético en el que ciudadano y polis se regían por normas de respeto y convivencia. Un pueblo en el que ir contra el hospedaje desataba la ira. Con esto no quiero decir que la cultura griega sea la panacea a nuestros males, eso sería desconocer el esclavismo y el espíritu guerrera que los poseía. Rescato las convicciones frente a unos ideales que se forjan desde la educación y la polis, y que Homero nos permite visualizar en la Ilíada cuando describe cómo Fenix educa a Aquiles. Lo prepara para la guerra y para la polis, y como un Sócrates que valora las virtudes y las ideas, a través de la mayéutica, conduce a Alcibiades al conocimiento de sí. Como vemos se necesita hablar de singularidad.
¿Cuál es la concepción del mundo actual?, ¿cuál la función de la educación, ¿cuál la manera de explicar la naturaleza de las cosas? ¿Cuáles las aspiraciones de los hombres? ¿O los hombres actuales son seres deprimidos y sin aspiraciones propias? Parece que regresar a la educación humanista de la mano de la singularidad y de una posición ética y política se hace un imposible en este universo fragmentado y devorador que no estima lo que concierne a la esencia del hombre, no es por el hombre mismo por quien se interesa la estructura económica. Los valores de la comunidad de hombres y mujeres están permeados por las políticas y las necesidades del mercado. Su elección profesional, no por las habilidades y destrezas más sobresalientes. Las áreas humanísticas desechadas, no producen rendimientos económicos, predomina la masificación educativa.              
A lo largo de la historia han sido comunes las exclusiones en el ámbito educativo, político y social. En Grecia la educación solo era para la nobleza griega, siendo la Polis el espacio para la política y la actividad pública de los ciudadanos libres. Solo  Pericles, político, orador y estratega, consiguió que en la Asamblea de la ciudad participaran los que no tuvieran riqueza, accediendo a cargos públicos. Todos eran ciudadanos libres, obedientes sólo a las leyes y respetuosos a sus dioses. Pericles instaura un gobierno en el que convoca a que todos los ciudadanos  a la democracia, a la participación de los ciudadanos en las decisiones del estado.
En Latinoamérica las exclusiones han abierto una brecha enorme entre ricos y pobres. La educación no es igual para todos, la calidad es distinta en los colegios públicos y los privados. Ha habido una educación para masas y una educación para las élites. Es necesario pensar una sola calidad educativa. Es urgente que los jóvenes participen más en las decisiones escolares, resistiéndose a las evaluaciones estandarizadas que no consultan las inteligencias y las diferencias en los aprendizajes significativos. Se exige a todos los estudiantes responder de igual manera a las exigencias académicas y se califican las competencias no por intereses y habilidades.
Y en este transcurrir de las épocas la literatura ha recreado esas realidades históricas, las ha ridiculizado o criticado; no obstante, las otras manifestaciones del arte han sentado su posición a través de las obras de sus exponentes, pero nunca se ha hecho desde las aulas como manifestación creativa que plasme y cuestione las realidades del país. En la que los jóvenes expresen, en todas las formas del arte, eso que es imposible decir con palabras. Sí, el  literato, el artista, tienen una función social, política y crítica; no desde lo panfletario, sino desde la magia que tienen las palabras para recrear la realidad, para cuestionar a través de la invención de mundos la paradójica disyuntiva entre el ser, el hacer y el tener; lo que implica revaluar la educación, centrándose en la socialización como posibilidad de incentivar el ejercicio político y una función nueva, la creación en todas sus manifestaciones del arte.  
Todas las formas del arte se constituyen en archivo, señalan el quehacer de un pueblo, su idiosincrasia. Es así como Raymond L. Williams en Novela y Poder en Colombia, hace alusión a lo que decía Carlos Fuentes: “La gigantesca tarea de la literatura latinoamericana contemporánea ha consistido en darle voz a los silencios de nuestra historia, en apropiarnos con palabras nuevas de un antiguo pasado”(5) 
Los literatos y las artes deberían tener un lugar en la educación; pues la creación es la vía privilegiada por la que el inconsciente le da una salida al empuje pulsional. La educación quiere domeñar lo indomable con la norma, con las exigencias culturales. El arte en todas sus manifestaciones puede ser una vía regia para sublimar en parte la pulsión, para disminuir la violencia escolar, para que el niño y la niña se identifiquen con eso que saben hacer bien, para que sean lo que les es posible ser y desde ahí digan, cuestionen. La música, la danza, la gimnasia, la lúdica, el teatro, el deporte, la pintura, todo lo lúdico deportivo, busca darle al cuerpo y a los afectos y a la palabra el espacio que les corresponde en la educación. 
Por eso no me es suficiente con que la literatura tenga una posición política y crítica, sus críticas solo llegan a unos pocos. Es necesario que todas las artes se tomen las aulas. Somos una sociedad de iletrados. Los excluidos, poetas, artistas, andan con una lámpara como Diógenes y su voz nunca es escuchada y si tiene eco es silenciada. Hay que arrebatarle a la violencia nuestros niños y niñas, arrebatársela a través de la creación y la incorporación del cuerpo y la palabra como socialización de la diferencia, de lo que se tiene como diferencia.
Se requiere de cambios estructurales que validen una verdadera democracia. Eso implica devolverle a la educación, a las comunidades y a la política social su legitimidad, siendo la economía, no la que determina las políticas sociales sino  parte del engranaje, del desarrollo de una Latinoamérica autónoma y consciente de que es el corredor verde sobre el que otros países tienen puesto los ojos para la supervivencia de la humanidad o para su explotación. Una Latinoamérica capaz de hospedar a otros y a sus diferencias. 
Y tal vez esto sea posible desde una pedagogía de la inclusión y el disfrute, pero también desde los talentos, base fundamental para que haya cambios estructurales en la educación y en la sociedad. Incluir el talento en la educación es abrirles a niños, niñas y jóvenes, espacios para ejercer la democracia como sujetos políticos capaces de decir sí o no frente a lo que les ocurre. Seres políticos conocedores de sus capacidades y destrezas. 
En una verdadera democracia es posible hablar de política, no como fuerza que subyuga o intimida. La política está del lado de la acción particular, del discurso que permite que otros intervengan y difieran. La verdadera política es el ejercicio de la palabra. La escuela es el primer escenario de actuación pública en el que se suscitan conflictos y negociaciones. Un lugar público de socialización como decía Freud. Agregaría, socialización de los talentos.  
Apostarle al descubrimiento, desarrollo y potencialización de talentos es legitimar una propuesta educativa que rescate un humanismo en las singularidades. Es abandonar el adiestramiento y retornar a la formación como un todo integrado a la naturaleza; siendo además la educación en talentos una opción que se verá reflejada en la economía, en la productividad, estableciéndose una unidad entre vocación económica de ciudad y vocación personal, porque un hombre que disfruta lo que hace es más productivo, comete menos errores, está más satisfecho con su entorno, se cuida a sí mismo, a los otros y al medio ambiente. Primero hay que convivir con uno mismo para hacerlo con los demás y con la naturaleza.
Amar lo que se hace no requiere de verticalidades, acepta la horizontalidad, la existencia de los otros para conformar equipos en busca de objetivos comunes. Equipos en los que es posible concertar porque se reconocen mutuamente los talentos. Así debería ser la educación del futuro. Que pase de la masificación, de la identificación con los otros a la identificación con lo propio, con un rasgo, con un talento. Nombrar las particularidades, las maneras de desear y de gozar.
Una pedagogía de la inclusión y el disfrute es una  opción, aunque no totalmente incluyente; tenemos nuestras preferencias y como el efecto Pigmalión, tiene sus consecuencias. El único realmente incluyente es el inconsciente, él no hace exclusiones, en él subsisten el amor y el odio, el sufrimiento y la alegría, lo blanco y lo negro, es el tiempo sin tiempo.   
Una pedagogía de la inclusión y el disfrute es la propuesta que vengo trabajando, una propuesta que cuenta con lo inconsciente, con las formas creativas particulares, sean estas en la investigación, en el arte, en la escritura, en el emprendimiento económico, en la innovación. Es una pedagogía que incluye el hacer y el tener porque cada quien tiene una manera particular de existir que lo caracteriza y la función de la educación futura estaría tal vez en descubrir, desarrollar y potenciar talentos para que cada sujeto sea líder de sí mismo, no de otros.
CITAS
JAEGER WERNER, Paideia: Los Ideales de la Cultura Griega. Mexico, Fondo de Cultura Económico de México, 1967, p. 3
(2) Ibid. 29
(3) Ibid. 24
(4) Ibid. 24
(5) RAYMOND L. WILLIAMS.Novela y poder en Colombia 1844-1987.Bogotá, Tercer mundo editores, 1992, p.43

BIBLIOGRAFÍA
JAEGER WERNER, Paideia: Los Ideales de la Cultura Griega. Mexico, Fondo de Cultura Económico de México, 1967
WILLIAM OSPINA, Es Tarde para el Hombre, Editorial Norma, 1994
RAYMOND L. WILLIAMS. Novela y poder en Colombia 1844-1987, Colombia, Tercer Mundo editores, 1992
SIGMUND FREUD, Obras completas III, España, Editorial Biblioteca Nueva, 1981
NASIO JUAN DAVID, Cómo Trabaja un psicoanalista, México, Paidos Mexicana S. A. Psicología Profunda, 1996
GOLEMAN DANIEL, La Inteligencia Emocional. Buenos Aires, 1996
JORGE BERNAL, Coordinador. Integración y Equidad. Santafé de Bogotá. Tercer Mundo Editores, 1994
GADNER HOWARD, La Teoría de las Inteligencias Múltiples, artículo 1987   

EL ANTERIOR ENSAYO FUE PUBLICADO EN EL BOLETIN VIRTUAL 807, ISSN 2256-1536  DE FEBRERO 9 DE 2012 DE LA RED IBEROAMERICANA DE PEDAGOGÍA   

Demiurgos de la noche


Un secreto temor
Me inspira la muerte
Con su pálido rostro
Un secreto temor de que muera el hombre
Centellear de sueños cósmicos
De demiurgos
Hechiceros y milagreros
Temor de que dejen de existir
Porque el olvido mata
Un secreto temor
De que sea arrebatado
El universo Mágico
Mítico
Mueren en el hombre
Sueños vertiginosos
Noches de luna delirante
En la finitud de unos ojos eternos
El fuego de los dioses se apaga
Mi memoria anónima
Fenece
Fenece la memoria de los ancestros
El rastreo computarizado de la historia
Marca la bitácora de los sueños
En los que se exalta el confort
De los días sedentarios
Y afuera muere el hombre
Queda desnudo su ser
Sólo carne que envejece y olvida
Sólo una máquina
Registrará la hecatombe
Una voz clonada
Tal vez anuncie con el tiempo
La existencia
De los últimos demiurgos de la noche

El último sobreviviente


Rompe en tempestad el cielo
Y en su tamboreo nocturno
Mis colmillos afilados brillan
En medio de aullidos apagados
Los niños no cantan
Juguemos en el bosque
Mientras el lobo no está
Les da vergüenza
O prefieren que su vértigo
Llegue al máximo
Mientras sus ojos desorbitados
Mueren en carreras virtuales de autos
O realizando sus fantasías mercenarias
Capaces de misiones excitantes
En medio de mis aullidos apagados
Estoy seguro
Que nadie volverá a retarme

Nadie contestará
Al coro de los niños
Hemos muerto en la guerra
A las caperucitas
No hay quien les caliente la cama
En las noches frías
Tampoco a las abuelas
Eso deseo en mi ser
De viejo lobo                           
Que sobrevive

Destino


Mi verdadera patria
Es este desgarrado territorio
Que conoces de sobra
Sobre el que has derramado
Miel y sal
Sobre el que has levantado
Muros de indiferencia
Suplicios inocentes
Y tardes púrpuras
Mi verdadera patria
Es creación
Que a diario se consume
Con el sufrimiento
Con los infiernos solitarios
Que me guardo
Con las dulces entregas imposibles
Mi verdadera patria
Tiene vuelo de águila
Donde mis compañeros de viaje
Son los lestrigones
Los cíclopes
Y el feroz Poseidón
Mi verdadera patria
No se conforma
Con las pequeñas batallas conquistadas
Porque mi verdadera patria
La quisiera como Cavafys a su Ítaca

martes, 10 de abril de 2012

Miguel Hernández

Tierra que se abre a la vida
Es Miguel Hernández
Pastor de cabras
Pastor de alpargatas
Y pantalón campesino
Silvestre en su ser de grandeza
En su timidez de campesino
Su escritura terrestre
Retrata los horizontes de la ciudad natal
Orihuela
Adornada de cabras
Y naranjos en flor
Miguel Hernández
Sus ojos hijos de España
Retratan memorias que lo suceden
Memorias
Que evocan en suspiros poéticos
La piel sangrante de España
Transcribe en sus versos
Auroras y ocasos
Vividos en la pequeña Orihuela 
Y en la España de los tiempos de guerra

Para siempre

Esta ciudad que me amarra
Tiene los nombres
De las ciudades latinas
Llenas de mares y selvas
De misterios aborígenes
Y modernidad delirante
Esta ciudad que me amarra
Me recuerda
El chontaduro y la guanábana
Los dientes pétreos
Como los arrecifes
Las  tardes de las ciudades costeras
El olor que me persigue
Y me hace tuya
Esta ciudad que me amarra
Tiene escrito tu nombre
En el folclor que enciende mis mejillas
En la  piel negra
Que me recuerda
Un pedazo de patria
Soy emigrante
Mis orígenes me llaman
Mi tierra me espera
Me amarra
Estoy en lejanías
Y tal vez
Para siempre